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Telmatobius atahualpai
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Al investigador Esteban Lavilla le gusta hacer esta comparación: imaginemos al planeta como una gran media de seda a la que se le salta un punto en un extremo. La media comienza a abrirse y no se sabe hasta dónde puede llegar esa grieta. Cualquier modificación -explica Lavilla- en el ecosistema tendrá consecuencias planetarias, pero es imposible predecir la gravedad. Él es doctor en Ciencias Biológicas, se dedica a estudiar los anfibios en el Instituto de Herpetología de la Fundación Miguel Lillo y es investigador del Conicet. Desde hace varias décadas viene siguiendo la extinción de las ranas, un evento que atraviesa todos los continentes y que provocó la desaparición de especies en varios países. 

“En Tucumán se han descripto 26 especies del total de 180 especies de Argentina, pero ya hay dos extintas, laTelmatobius laticeps (endémica del Valle de Tafí) y Telmatobius ceiorum, de las selvas de montaña de los Nevados del Aconquija”, señala el investigador. 

El origen
Uno de los primeros síntomas de este problema -relata el investigador- se advirtió cuando investigadores de Estados Unidos comprobaron que en el parque nacional Monteverde, de Costa Rica, había desaparecido una especie entera en solo un año. Comenzó a investigarse como un fenómeno local, pero a medida que se avanzaba se iba descubriendo que lo mismo que ocurría en Latinoamérica estaba sucediendo en otras regiones del mundo. “No sabíamos qué pensar”, reconoce. 

En la década del 90 se descubre que había un hongo en la piel de las ranas que estaba causándoles la muerte. “Lo curioso es que estudios posteriores concluyeron que las ranas ya tenían ese hongo en la piel, pero no había sido letal”, comenta. 

¿Qué había cambiado? ¿Se trataba de una modificación en el hongo o de un cambio en la resistencia de las ranas?

“Cuando hay un estado de crisis ambiental, la causa no es una sola”, aclara Lavilla. Las hipótesis son varias, pero reconocen un mismo origen: el cambio climático. “La contaminación ambiental, de las aguas, la destrucción de los ambientes naturales y la introducción de truchas para pesca deportiva tienen que ver en la extinción”, señala.

El 70% del oxígeno que ingresa en los anfibios es por la piel. Viven en medios muy húmedos porque lo necesitan para respirar y, además, necesitan que sus defensas funcionen bien para protegerse de todo lo que pueda proliferar en ese ambiente. 

Alteración global
“El cambio climático global alteró la temperatura y la humedad en el mundo. No en los valores absolutos, pero sí en su distribución”, comenta Lavilla. Esto significa que aunque en Tucumán siga lloviendo la misma cantidad de milímetros por año, las precipitaciones se concentran en un período diferente al de décadas atrás. Esto puede generar que en septiembre, la época de reproducción, no haya agua necesaria para que las ranas se multipliquen. 

Los agroquímicos (herbicidas, plaguicidas y fertilizantes) son letales. “No sólo el principio activo, como el glifosato, sino que el vehículo es un detergente que debe romper la cutícula de la hoja para ingresar. Eso destruye la piel de la rana”, agrega el especialista. A su vez, el fertilizante es rico en nitrógeno y cuando se acumula en el agua, porque la lluvia lava los campos y arrastra el veneno hasta los ríos, lagos o diques, genera la proliferación de algas. Las algas necesitan oxígeno y lo toman del agua. Así, matan la fauna acuática. 

Por lo tanto, encontrar una rana en el jardín o en un espacio natural es un buen indicador de que ese sitio está libre de tóxicos. 

UNA CADENA QUE SE ROMPE

Aves en peligro
Si las ranas llegan a desaparecer, algunas aves que se alimentan de ellas pueden correr la misma suerte.

Las ranas desaparecen
A causa de distintos factores, las ranas desaparecen en todo el mundo. En Tucumán, al menos dos especies se extinguieron.

Proliferación de insectos

Una consecuencias de la desaparición de las ranas será un incremento de las poblaciones de insectos.

Nota completa en: La Gaceta